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La relación
ante una encrucijada
La relación entre
México y Estados Unidos atraviesa por un momento crítico.
A pesar de la larga historia de conflictos y sospechas mutuas, la
entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del
Norte (TLCAN) en 1994, y el arribo de la democracia electoral en
México en el año 2000, hicieron surgir nuevas
expectativas y esperanzas de poder establecer una relación
más profunda, de mayor cooperación y equilibrio entre
ambos países. Parecía que este nuevo contexto
resultaría favorable para que los dos países pudieran
resolver los importantes problemas comunes aún pendientes, como
la migración y la seguridad fronteriza, además de
enfrentar los nuevos retos globales propios de un mundo cada vez
más interconectado, incierto y unipolar.
Desafortunadamente, los
ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 alteraron el curso
inicial de acercamiento que habían tomado las relaciones entre
ambas naciones. Justo antes de los atentados, prevalecía un
clima de optimismo ante la anunciada posibilidad de la
concreción de un histórico acuerdo migratorio entre las
nuevas administraciones entonces recién inauguradas en
México y Estados Unidos. Dicho acuerdo, al cual se le
había dado una intensa publicidad, abría amplias
expectativas sobre el comienzo de una nueva era de amplia
cooperación. Sin embargo, en cuestión de semanas, ese
optimismo se convirtió en tensión tanto por el repentino
cambio en las prioridades y las políticas de Estados Unidos,
como por las distintas reacciones de ambas partes ante los ataques y
los acontecimientos subsecuentes.
Estos factores fueron
llevando al resurgimiento de la desconfianza y la ampliación de
los desacuerdos. Estados Unidos manifestó su decepción
por la tímida respuesta inicial de México ante los
ataques, y la posterior renuencia abierta a apoyarlo en su
decisión de emprender acciones militares contra Irak.
México, por su parte, se mostró desilusionado por la
decisión del gobierno de Bush de posponer las negociaciones
bilaterales para un amplio acuerdo migratorio, el cual de pronto
pareció cada vez más distante. Desde entonces, la
relación bilateral ha transitado por una etapa de turbulencia
diplomática, moviéndose sin una dirección clara
entre los vaivenes de fuerzas subyacentes que, por un lado, son el
resultado del proceso de integración económica e
interacción social entre los dos países y, por el otro,
provienen de los nuevos imperativos en materia de seguridad de Estados
Unidos, así como de las incertidumbres políticas de la
nueva democracia en México.
Los altibajos
diplomáticos recientes han suscitado en debate público
acerca de la verdadera naturaleza de la relación bilateral y de
la capacidad de los dos países para enfrentar las presiones y
los retos comunes propios del nuevo escenario internacional. De acuerdo
con algunos analistas, mientras Estados Unidos continúe
totalmente involucrado en la guerra contra el terrorismo y
México siga sin poder manejar sus rezagos nacionales en materia
de gobernabilidad democrática, crecimiento económico y
desarrollo social, es poco probable que los dos gobiernos tengan los
incentivos políticos necesarios para continuar avanzando en
forma sostenida en la ampliación del esquema de
cooperación característico del periodo entre el
establecimiento del TLCAN y el 11 de septiembre de 2001.
Otros analistas hacen
predicciones aún más pesimistas acerca del futuro de la
relación, aludiendo a factores culturales e históricos.
Los culturalistas afirman que entre mexicanos y estadounidenses existe
un sentimiento de mutuo rechazo y profunda desconfianza. Según
esta corriente, ambos pueblos ven el mundo desde perspectivas
totalmente opuestas como resultado de valores sociales, tradiciones
culturales y estructuras políticas diferentes, producto de sus
distintas herencias coloniales, diversas raíces étnicas,
y respectivas historias nacionales. De acuerdo con esta opinión,
las diferencias culturales entre los mexicanos y los estadounidenses
conducen inevitablemente a ciclos recurrentes de desacuerdo y
desconfianza. Hay quienes consideran que las fuertes preocupaciones de
seguridad en Estados Unidos, combinadas con la situación de
parálisis política y estancamiento económico en
México, revivirán las profundas diferencias culturales
entre los dos países y terminarán por aumentar las
presiones unilateralistas, proteccionistas, nacionalistas y
xenófobas en ambos lados de la frontera.
En el lado opuesto del
debate se encuentran quienes confían en el dinamismo inherente a
los mercados, la tecnología y las redes sociales, como un motor
para impulsar la intensificación continua de la
interacción social, económica, política y cultural
entre México y Estados Unidos, propiciando una mayor
convergencia de intereses, valores y cosmovisión. Desde esta
óptica, las turbulencias diplomáticas y políticas
son parte de la normalidad en una relación tan compleja, y no
tienen un efecto trascendente o permanente en la densa red de esfuerzos
de cooperación que se ha venido construyendo entre las
burocracias, los gobiernos, los intereses particulares y los actores
sociales de los dos países. Los analistas más optimistas
señalan también que, a pesar de las recientes diferencias
en temas de política exterior y otros asuntos, la
cooperación bilateral en materia de seguridad, migración
y narcotráfico es ahora más estrecha que nunca, en
especial a lo largo de la franja fronteriza.
Las preguntas claves
derivadas de este debate son las siguientes: ¿En realidad los
mexicanos y los estadounidenses tienen cosmovisiones completamente
diferentes, a pesar de los crecientes vínculos
económicos, sociales, políticos y culturales entre los
dos países? ¿En qué medida la brecha entre la
interdependencia bilateral real y las percepciones nacionales
divergentes disminuye la capacidad de ambos países para
enfrentar de manera adecuada los retos comunes? Después del "11
de septiembre", los retos comunes se han intensificado y multiplicado.
En la actualidad, la frontera entre México y Estados Unidos se
encuentra bajo una severa presión derivada de las inevitables
tensiones entre el aumento de los controles de seguridad y los
numerosos flujos de personas, bienes y servicios a través de la
frontera día a día, ya sea legal o ilegalmente.
Afrontar en forma eficaz
y coordinada la agenda actual de problemas bilaterales exigirá
una voluntad y un compromiso extraordinarios. Se requiere la
redefinición de los respectivos enfoques diplomáticos
tradicionales de ambas partes -el unilateralismo activo de Estados
Unidos, y el nacionalismo defensivo de México-, y que emprendan
reformas importantes en algunas de sus políticas públicas
más sensibles a nivel interno: la política migratoria en
Estados Unidos y la política de seguridad nacional en
México. La forma en la cual los estadounidenses y los mexicanos
perciben el mundo y su relación mutua será un factor
determinante en el proceso de definición de las políticas
exteriores y los enfoques diplomáticos de los dos países,
además de desempeñar un papel fundamental en el
éxito o fracaso de los gobiernos de ambos países en
cuanto a la resolución de sus apremiantes problemas comunes.
Son muchas las preguntas
y pocos los datos confiables con los cuales contamos para identificar
el grado de coincidencia y divergencia entre las actitudes y opiniones
de los mexicanos y los estadounidenses sobre el mundo. ¿Tienen
los mexicanos y los estadounidenses una opinión similar acerca
de las amenazas internacionales? ¿Son aislacionistas o
están a favor de una participación activa en los asuntos
mundiales? ¿Comparten objetivos en materia de política
exterior? ¿La opinión del público estadounidense y
el mexicano se inclina hacia el multilateralismo o es más
favorable al unilateralismo? ¿Tienen una opinión similar
sobre las reglas y normas internacionales, o ven el papel de las
instituciones multilaterales, el uso de la fuerza militar, así
como la supremacía del derecho internacional, desde
ángulos diferentes? ¿Cuál es la opinión que
cada uno tiene del otro? ¿Hay evidencia en México de un
fuerte sentimiento contra Estados Unidos? ¿Qué tan
fuertes son las actitudes contra los inmigrantes y los mexicanos en
Estados Unidos? ¿El mexicano y el estadounidense común
están a favor de estrechar los vínculos económicos
que se institucionalizaron con el TLCAN y extender la
cooperación bilateral a otras áreas más sensibles,
como la migración y seguridad? ¿Qué tipo de
acuerdos bilaterales en temas controversiales como seguridad en la
frontera, migración y energía, resultarían
aceptables tanto para la opinión pública mexicana, como
para su contraparte en Estados Unidos?
Este informe ofrece nueva
información y evidencia empírica muy valiosa para
encontrar respuestas adecuadas a algunas de estas interrogantes. Es el
resultado de un proyecto de investigación conjunto de
carácter binacional entre el Centro de Investigación y
Docencia Económicas (CIDE), el Consejo Mexicano de Asuntos
Internacionales (COMEXI), y el Chicago Council on Foreign Relations
(CCFR). Durante casi tres décadas, el Chicago Council on Foreign
Relations ha llevado a cabo periódicamente uno de los estudios
de opinión más importantes sobre política exterior
de Estados Unidos, realizado entre el público estadounidense.
Este año, el CIDE, el COMEXI y el CCFR, decidieron unir
esfuerzos para emprender un ambicioso estudio de opinión sobre
temas de política exterior e internacional que, por primera vez,
incluye encuestas paralelas en México y Estados Unidos.
El estudio realizado en
forma conjunta por el CIDE, el COMEXI, y el CCFR, tiene como
propósito contribuir al actual debate sobre las relaciones entre
México y Estados Unidos, ofreciendo información confiable
y novedosa para el análisis comparativo de la opinión
pública en los dos países. Con la finalidad de poder
captar y comparar la opinión pública mexicana y la
estadounidense con respecto al nuevo escenario internacional surgido
después de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, en las
encuestas se hicieron las mismas preguntas en ambos lados de la
frontera acerca de una amplia variedad de asuntos internacionales y
bilaterales. Así, los resultados obtenidos por el estudio nos
permiten ofrecer en este reporte el panorama más completo,
detallado y amplio con el que se cuenta en la actualidad sobre las
actitudes hacia la política exterior entre la población
general de estos dos socios económicos y vecinos, tan
diferentes, pero estrechamente vinculados. 
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