¿Una nueva política exterior para una nueva democracia?

La presente publicación, Visiones globales 2004: opinión pública y política exterior en México, reporta los resultados de la primera encuesta realizada por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI), como parte de un proyecto de investigación conjunto de largo aliento denominado México y el Mundo. El objetivo de este proyecto es identificar y analizar las opiniones de la población general y los líderes en México acerca de diversos asuntos internacionales. El propósito del estudio es conocer y medir las actitudes, valores y orientaciones generales de los mexicanos con respecto a las relaciones de México con el mundo y a las reglas del sistema internacional, más que las opiniones de carácter particular sobre asuntos específicos o coyunturales en la agenda de la política exterior.

Este año, la encuesta se llevó a cabo en forma simultánea y coordinada con el estudio de opinión pública y de líderes realizado de manera periódica por el Chicago Council on Foreign Relations (CCFR) en Estados Unidos desde 1974. Alrededor de una tercera parte de las preguntas incluidas en la encuesta levantada en México a una muestra representativa de la población a nivel nacional, fueron las mismas hechas al público general en Estados Unidos, con la idea de poder establecer comparaciones válidas entre el sentir de los mexicanos y el de los estadounidenses respecto a asuntos internacionales de interés común. En la parte de la investigación que fue común para ambos países, se puso énfasis en algunos temas como las reglas y normas propias del comportamiento y la interacción entre los distintos actores del sistema internacional, el papel de los organismos internacionales, el uso de la fuerza militar, las amenazas percibidas, los objetivos de política exterior, y los aspectos centrales de la relación bilateral entre México y Estados Unidos. En la parte de la encuesta concerniente exclusivamente a México, la cual abarca casi dos terceras partes de las preguntas formuladas, se puso especial atención a temas relacionados con la identidad nacional de los mexicanos, el nivel de contacto de sus ciudadanos con el exterior, así como su interés y conocimiento sobre cuestiones mundiales, el proceso de toma de decisiones y el diseño de la política exterior en México, además de las relaciones con otros países y regiones.

En la presente publicación, se describen los resultados completos de la encuesta, tanto de la muestra de la población general a nivel nacional, como de la muestra de líderes. Asimismo, se abarca la totalidad de los temas mencionados y se reportan las diferencias encontradas entre las distintas regiones del país. El CIDE y el COMEXI tienen programado realizar este estudio de opinión y levantar periódicamente encuestas similares a la de 2004 cada dos años, con el propósito de identificar y dar seguimiento, a través del tiempo, a los cambios en las actitudes y opiniones de los mexicanos acerca de los asuntos internacionales y de política exterior de mayor interés y relevancia para México.

Cuando el CIDE y el COMEXI comenzaron a llevar a cabo las primeras reuniones de consulta y planeación de este estudio, encontraron cierto escepticismo en torno a la posibilidad de poder recabar información suficiente y válida acerca de las opiniones del mexicano común sobre cuestiones cuya presencia no es tan evidente en su entorno inmediato, como son los asuntos mundiales y las relaciones de México con otros países. Algunos especialistas destacaron las evidencias de varios estudios de opinión pública, las cuales revelaban un relativo aislamiento de México respecto al resto del mundo, ya que la opinión pública mexicana tiende a centrar la atención casi en exclusiva en asuntos de carácter interno. Este supuesto podría dificultar el encontrar, entre la población mexicana promedio, el nivel de interés y/o de conocimiento necesarios como para formarse una opinión clara y definida acerca de cuestiones internacionales. Los pronósticos iniciales más pesimistas sobre la viabilidad de este estudio vaticinaban niveles probables de más del 60% -en ciertos casos, quizá hasta el 90%- en cuanto al índice de la respuesta "no sé" a preguntas sobre temas internacionales, lo cual ocasionaría serias dificultades para poder interpretar los resultados de la encuesta, en especial porque los datos recabados no serían representativos de la verdadera opinión de la población general. Uno de los resultados más importantes de este estudio es, precisamente, la demostración de que el escepticismo inicial acerca de la posibilidad de encontrar opiniones claras y definidas en materia de relaciones internacionales entre el mexicano común, tanto a nivel nacional como en las distintas regiones del país, no estaba justificado a cabalidad.

El informe comienza con un resumen ejecutivo sobre los hallazgos más importantes de la investigación. En los capítulos subsecuentes, se analizan los resultados sobre cinco grandes ejes temáticos en torno a los cuales se elaboró el cuestionario: 1) la identidad nacional de los mexicanos y su grado de interés, contacto y confianza hacia al exterior; 2) el papel de México en el mundo desde la óptica de las amenazas percibidas, las metas planteadas y el proceso de diseño de la política exterior; 3) las reglas que regulan al sistema internacional, la interacción entre estados y el papel de las organizaciones internacionales, tanto en el ámbito económico, como en el de seguridad; 4) la relación bilateral con Estados Unidos; y 5) las razones de la diversificación y las relaciones de México con otros países y regiones. El último capítulo compara las opiniones y actitudes de la opinión pública general con las visiones de un grupo de líderes en México en cada uno de los temas mencionados.

El levantamiento de la encuesta a nivel de la opinión pública general se realizó del 9 al 19 de julio de 2004, y utilizó una muestra representativa nacional de 1,500 entrevistas personales realizadas en viviendas particulares. El método de muestreo fue con arranque aleatorio y selección sistemática de secciones electorales. La encuesta a líderes mexicanos consistió en entrevistas telefónicas a 82 miembros del COMEXI, las cuales se aplicaron del 13 de julio al 12 de agosto de 2004. Si bien la encuesta de líderes no puede considerarse representativa del conjunto de las élites políticas, económicas y culturales en México, captura con precisión las opiniones de un grupo importante de líderes, precisamente aquéllos más interesados, informados y expuestos a la problemática de la política exterior de México y con cierta influencia sobre ella. Al final de este informe se anexa un apéndice que contiene información detallada sobre el diseño metodológico del estudio.

Un mundo diferente, un país diferente

Hoy en día, la política exterior de México se ha convertido en materia de análisis y debate público en los círculos políticos, económicos y académicos mexicanos, como parte de un proceso de evaluación de los profundos cambios experimentados en el país a lo largo del proceso de liberalización económica y democratización iniciado desde finales de la década de 1980. La mayor visibilidad de la política exterior en el debate nacional coincide con un período de grandes transformaciones en el entorno mundial. Los inesperados cambios en la agenda y el mapa de alianzas internacionales desencadenados por los dramáticos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, han venido a sumarse a las razones de carácter interno, vinculadas con la apertura económica y la alternancia política, que apuntan hacia la necesidad de ajustar el papel y las estrategias internacionales de México para adaptarse a las nuevas realidades nacionales e internacionales. La supremacía económica y militar sin contrapesos de Estados Unidos, así como la extendida sensación de inseguridad internacional proveniente de la intensificación de amenazas no convencionales como el terrorismo, las armas de destrucción masiva, el crimen organizado transnacional y la violencia crónica en estados fracasados, han dado lugar a situaciones inéditas, cuyas soluciones y respuestas han sido, de igual modo, inéditas.

La incertidumbre característica del actual sistema internacional proviene también de otros dos factores: 1) la intensificación de los esfuerzos para reformar las instituciones multilaterales en un contexto en el cual existe una multiplicidad de visiones divergentes sobre el futuro del orden mundial; y 2) la inestabilidad y relativo estancamiento de la economía global resultado indirecto de las nuevas preocupaciones de seguridad, de las mayores medidas de control y vigilancia a nivel mundial y de las acciones militares en el Medio Oriente. Los principales componentes de la arquitectura jurídica e institucional multilateral que sustentó el orden internacional en los últimos cincuenta años, están siendo sometidos a un profundo proceso de revisión y reforma. Organizaciones internacionales clave como las Naciones Unidas, están intentando redefinir su papel, fortalecer su autoridad, ampliar sus bases de legitimidad y mejorar su capacidad de acción frente a otros actores internacionales protagónicos, en particular Estados Unidos. Por otra parte, la serie de crisis económicas y financieras ocurridas desde la segunda mitad del decenio de 1990 en diversos países en vías de desarrollo y en algunas de las llamadas economías emergentes, han suscitado fuertes controversias y serios cuestionamientos sobre los beneficios de la globalización económica en muchas partes del mundo, dando lugar a movimientos anti-globalización cuyas demandas exigen modificar y revertir las políticas de liberalización económica.

El nuevo entorno internacional resulta particularmente demandante y difícil para México, no sólo por su posición de vecino inmediato de Estados Unidos en un momento de supremacía extrema y fuertes preocupaciones de seguridad por parte de los estadounidenses, sino también por su condición de país en vías de desarrollo con una economía abierta cuyo dinamismo depende, en gran medida, del sector exportador y de los flujos de inversión externa. México es un país de desarrollo e ingreso medio que, a pesar de su dimensión geográfica, su potencial económico, su ubicación estratégica y sus recursos naturales, no ha construido un poder militar significativo, ni tampoco ha desarrollado ambiciones de proyección de poder en el ámbito regional, ni una visión estratégica de alcance global para convertirse en una potencia media con capacidad de influir de manera decisiva en la política mundial, como lo han hecho otros países con recursos similares. Es dentro de este difícil contexto externo que México está tratando de revisar y redefinir su papel en el mundo, sus ambiciones internacionales y su política exterior.

En el ámbito interno, el contexto político en el cual se diseñan las grandes directrices y se toman las decisiones puntuales en materia de la política exterior, ha sufrido cambios notables con respecto al alto grado de centralización de las decisiones en el poder ejecutivo y al llamado consenso tácito en torno a la diplomacia mexicana, característicos del período anterior. La alternancia en el poder en el año 2000, ha resultado en una democracia en construcción donde la situación de gobierno dividido y el multipartidismo impiden que alguna de las fuerzas políticas en competencia cuente por sí sola con las mayorías necesarias para imponer su proyecto de nación sobre el resto. En el nuevo ambiente democrático de México, la intensa competencia electoral entre fuerzas políticas con visiones distintas, ha creado nuevas oportunidades para actores carentes de canales de participación en el pasado. Dichos actores ahora tienen la posibilidad de involucrarse de forma activa en el proceso de toma de decisiones y expresar públicamente posiciones divergentes y críticas en torno a las iniciativas y acciones gubernamentales en materia de política exterior.

Las profundas diferencias sociales, regionales, económicas, étnicas y culturales propias de la sociedad mexicana, están emergiendo a la superficie del escenario político. La democratización está dando voz y abriendo canales de participación a innumerables grupos sociales que antes no tenían representación suficiente. Ahora hay más oportunidad para el debate público acerca de los asuntos clave de la agenda nacional para los cuales aún está pendiente la construcción de nuevos acuerdos internos y la definición de políticas claras, en particular los referentes a la creciente interacción de México con el mundo.

Mayor exposición e interacción con el mundo

México se está enfrentando a estas situaciones internacionales y nacionales inéditas precisamente cuando su nivel de exposición e interacción con el mundo es mayor que en ningún otro momento de su historia reciente. Hoy en día, México es el país exportador más importante de América Latina y el octavo a nivel mundial. El paso de una economía cerrada a otra abierta y la mayor integración de la economía mexicana a los mercados internacionales, han colocado en la actualidad al comercio exterior y a la inversión extranjera como los motores fundamentales del crecimiento para México. En 2003, el comercio exterior representó alrededor del 65% del PIB mexicano, y la inversión extranjera directa fue la tercera fuente más importante de ingresos de divisas después de las exportaciones de petróleo y las remesas enviadas por trabajadores mexicanos desde el exterior.

La creciente apertura de México al mundo no ha sido nada más económica. México ocupa el cuadragésimo quinto lugar en el Indíce de Globalización de 2004, estudio realizado por la Foreign Policy Magazine y A.T. Kearney, posición relativamente alta para un país en desarrollo. Alrededor del 10% de la población mexicana ha emigrado y reside en la actualidad fuera del país. La emigración constante de mexicanos hacia el norte mantiene abierta una ventana hacia Estados Unidos y, por extensión, al mundo. Los emigrantes mexicanos han construído una densa y estrecha red de contactos personales, familiares y profesionales en México, por medio de la cual fluye una gran cantidad de información y se genera un intercambio de perspectivas diferentes sobre el mundo y lo que sucede en otros países.

La tradición defensiva frente a los nuevos retos

México es un país mediano, que por sus dimensiones y ubicación estratégica, tiene la capacidad de ser una potencia regional, aún cuando no haya desarrollado un potencial militar ni buscado ejercer un papel protagónico en el mundo. Sólo en ocasiones excepcionales y durante períodos breves, México se ha decidido a desplegar algún tipo de liderazgo activo orientado a la construcción de coaliciones de países o de iniciativas para la acción concertada en temas específicos. Los principios tradicionales de la política exterior de México son de carácter esencialmente defensivo, delineados a través de una historia de intervenciones, pérdidas de territorio, inestabilidad, conflictos y disturbios nacionales en el siglo XIX, y consolidados como resultado de la Revolución Mexicana y su fuerte herencia nacionalista en el ámbito ideológico, político, económico e institucional. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, México no ha enfrentado amenazas inminentes o reales de carácter militar o de intervensionismo político provenientes del exterior que hubieran puesto en riesgo su seguridad e independencia.

Asimismo, ha gozado de un entorno regional más o menos seguro, estable y benevolente, además de haber contado con la protección implícita de Estados Unidos frente a amenazas extra-continentales, esto debido a su ubicación dentro del perímetro de seguridad de Washington. Esta situación le ha permitido a México desentenderse de los grandes focos de conflicto internacional, mantenerse al margen de muchos de los temas más polémicos de la política mundial, y elegir cuándo y cómo involucrarse en los asuntos mundiales.

El reto más importante y constante de la política exterior mexicana deriva de la particular posición geopolítica de México como el vecino menos desarrollado del país más poderoso del mundo, y como frontera entre América del Norte y América Latina. Por un lado, la geografía y la economía empujan a México en dirección al norte como vecino geográfico y socio natural de Estados Unidos, además de alejarlo del sur y generar incentivos para la adopción de un enfoque diplomático de orientación básicamente bilateral. Por el otro, la asimetría de poder y diversos factores ligados a su historia, cultura, nivel de desarrollo y política interna, colocan a México en la dirección opuesta, llevándolo a mantener una prudente distancia frente a su poderoso vecino y principal socio comercial. Estos factores inclinan a México a sostener sus posiciones históricas de apego estricto a los principios de no intervención y defensa de la soberanía nacional, así como su larga tradición diplomática pacifista, la cual lo ha llevado a oponerse y a no participar en acciones militares en el ámbito internacional. Dichos principios favorecen la adopción de un enfoque diplomático tendiente a privilegiar la acción multilateral para contrarrestar el peso de la relación con Estados Unidos, enfatizan la diversificación de las relaciones exteriores de México y buscan el acercamiento con otros países en vías de desarrollo con quienes comparte problemas o herencias culturales similares, en particular con los de América Latina.

En términos generales, en la actualidad el debate y la discusión pública sobre la política exterior de México tiende a estructurarse en torno a un eje central que coloca en posiciones opuestas dos enfoques estratégicos distintos: pragmatismo versus principismo. Si bien se trata de una representación simplista de la realidad y para muchos efectos de un dilema falso, la oposición entre pragmatismo y principismo captura el núcleo del actual debate nacional sobre política exterior. Mientras el enfoque pragmático mira hacia el norte y coloca los intereses materiales de carácter económico al centro de las prioridades nacionales, el enfoque principista mira hacia el sur y plantea como prioridad central la defensa de la soberanía nacional y del derecho internacional.

Quienes sostienen una visión pragmática de la diplomacia mexicana, argumentan que México debería aprovechar a cabalidad su posición geográfica, reconocer las realidades del alto grado de interdependencia que existe entre México y su vecino del norte y buscar, en forma explícita, una relación especial con Estados Unidos la cual conduzca al establecimiento de una alianza estratégica estrecha y amplia con ese país. Desde esta perspectiva, como México no cuenta con la capacidad y el peso necesarios para poder influir de manera decisiva en el curso de los acontecimientos mundiales ni se encuentra ubicado cerca de los principales escenarios de conflicto y zonas de inestabilidad internacional, su política exterior debería abocarse a la tarea de avanzar los intereses económicos de México en el exterior, y concentrar la atención en la relación con los países desarrollados, los cuales representan mercados dinámicos y fuentes importantes de financiamiento. En concordancia con esta visión, una política exterior de activismo multilateral independiente no es una opción estratégica aconsejable para México.

De acuerdo con la visión contraria, la cual privilegia una política de principos, México debería colocar al centro de sus prioridades la vigencia de las normas y leyes internacionales así como la defensa de su soberanía, por encima de cualquier otro posible objetivo o consideración. Dada su condición de país en vías de desarrollo con inmensas deficiencias sociales y económicas en su ámbito interno, México debería tratar de superar los inconvenientes de su posición geográfica buscando las oportunidades de contrarrestar el poder de Estados Unidos. Desde esta perspectiva, las mejores opciones estratégicas para México son la diversificación de sus relaciones con el exterior, en particular, la integración económica con América Latina y el multilateralismo activo. En los últimos años ha surgido una nueva variante de la visión principista de la política exterior cuya principal característica es colocar a la defensa de los derechos humanos y a la democracia como los valores internacionales más importantes para un país con un régimen democrático incipiente. A diferencia de la vertiente tradicional que enfatiza los principios del nacionalismo revolucionario y la defensa de la soberanía estatal, esta vertiente argumenta que la no intervención no siempre se justifica cuando representa un conflicto con valores universales más elevados asociados a los principios de funcionamiento de un sistema democrático y de defensa a los derechos humanos.

Las interrogantes más importantes derivadas del debate actual en materia de política exterior son las siguientes: ¿Existe o no un consenso básico nacional en la opinión pública mexicana en materia de política exterior? ¿Se encuentran las opiniones de los mexicanos realmente divididas en torno al supuesto dilema entre pragmatismo y principios? ¿Qué tan profundas y amplias son las diferencias de opinión entre los mexicanos con respecto a una mayor apertura e interacción con el mundo? ¿Quién debe participar en la definición de la política exterior? ¿Qué opinan los mexicanos con respecto a la conveniencia para México de aliarse con Estados Unidos o de buscar contrapesos a su creciente poder unilateral? Avanzar en el conocimiento sobre el grado y las áreas de convergencia y divergencia en la opinión pública mexicana acerca de la manera en la cual México debe conducir sus relaciones con el mundo, resulta una tarea particularmente importante a fin de evaluar la capacidad de respuesta del país frente a los retos que tiene ante sí y para definir una política exterior con amplias bases de apoyo y legitimidad. Este informe ofrece información y evidencia empírica sobre lo que en realidad piensan los mexicanos acerca del mundo y de la política exterior. Esta información puede resultar muy valiosa para comenzar a responder, con base en datos duros e investigación empírica, a algunas de las interrogantes analíticas y políticas planteadas.

 
Reporte México | Reporte México-EUA | Reporte EUA | Reporte EUA-Corea | Otras Publicaciones
Perfil del Proyecto | Encuestas Anteriores | Sala de Prensa | Contáctenos | Mapa del Sitio | Búsqueda | Página Principal

© 2004, Centro de Investigación y Docencia Económicas | Derechos Reservados

Sitio creado por EonMedia

s